De: “OSCAR CASACOF CASTRO”
Para: jbastida2001@yahoo.es
Asunto: ZONA NUEVA
Fecha: Mon, 11 Sep 2006 18:30:43 +0000
Que pasa presi. Te envío ésta crónica para que quede constancia de que los catxadors (concretamente yo) hemos conquistado una nueva zona de vuelo, se llama Mazagón y está en la costa de Huelva.
Salimos Angeles y yo el 26-8-06 a las 14:00 de la casa que tiene mi madre en un pueblecito de Huelva en dirección a la ciudad. No quisimos ir más pronto porque yo sabía por experiencias pasadas (era la tercera vez que intentaba volar allí) que al mediodía hace un ventarrón imposible sólo apto para expertos del despegue como es el caso de Bombon Extrem y algún otro.
Por el camino cruzamos un largo puente que cruza un río (no sé si es el Tinto o el Odiel) y que llega justo a la ciudad de Huelva. Nada más cruzar el puente giramos a la derecha bordeando el rio y pasamos primero al lado del puerto y posteriormente fuimos viendo a ambos lados de la carretera todo un sinfín de refinerías, empresas metalúrgicas y muchísimas chimeneas que sacaban humo sin parar, aquello parecía Chernobil o algo peor (asqueroso). Pero después de la última refinería nos encontramos con un cambio drástico en el paisaje, a un lado y otro de la carretera se extendía ahora un enorme bosque de pinos y eucaliptos que refrescaban e incluso aromatizaban nuestro camino. Vimos también un pequeño lago totalmente lleno de aves migratorias que descansaban en sus aguas. Parecía increible que aquel hermoso paisaje estuviera a escasos kilómetros de la monstruosidad que habíamos visto antes, pero en fin, dejaremos esa lucha para los amigos de Greenpeace.
Continuamos el camino y al poco rato vimos a la derecha un parador nacional del que no recuerdo el nombre, alrededor de él tenía situadas muchas mesas con bancos de madera, parecía un merendero bastante bien organizado con alguna que otra fuente, parrillas para hacer la comida al fuego y contenedores para la basura. Todo perfecto para comer un día en el campo con la parienta y los niños, a la sombra de los árboles y muy cerquita de la playa que estaba ya a escasos 200 metros.
Pero a nosotros nos faltaban aún tres o cuatro kilómetros para alcanzar nuestro destino. Debíamos llegar a un cuartel militar que se dedica a la vigilancia de costas. En la carretera vimos un letrero que ponía I.N.T.A. y giramos a la derecha siguiendo una estrecha carretera asfaltada. En un momento llegamos a un cruce y delante de nosotros vimos lo que parecía un cuartel lleno de alambradas. Giramos a la derecha en el cruce y seguimos unos metros por lo que en realidad era un camino para bicicletas, nos salimos del camino y dejamos el coche aparcado a la sombra de un árbol. Angeles cogió del maletero la bolsa con las toallas ya que después del vuelo pensamos pegarnos un chapuzón, y yo cogí mi vela, me la puse a la espalda y empezamos a caminar por el bosque en dirección a la playa.
Cuando llevábamos escasos cinco minutos andando, encontramos una duna que separaba el bosque de la playa. Miré a ambos lados, y a pocos metros a la derecha vi una manga de viento en lo alto de la duna. Nos dirigimos hacia allí con más ganas si cabe, y cuando nos disponíamos a escalar aquella pequeña duna, observé detrás de un árbol a un hombre que estaba plegando su parapente. ¡¡Perfecto!! (pensé para mí) Ahora podía preguntar a un piloto local cómo estaban las condiciones y así lo hice. Aquel piloto me contó que aquel día no era perfecto ya que el viento estaba un pelín girado de oeste (allí se vuela de sur) había volado un rato y al final tuvo que aterrizar en la playa, pero me contó también que la semana pasada él y unos cuantos se habían pegado más de tres horas volando y que uno de ellos se había hecho toda la ladera de punta a punta, lo cual son (y sin exagerar) más de 20 kilómetros.
Me despedí de él agradeciéndole la información y comenzamos a subir la laderita con una sonrisa de oreja a oreja, más por las últimas palabras que me había dicho aquel piloto que por las condiciones que me esparaban aquel día. Llegué a lo alto de la duna y comprobé la manga. Desgraciadamente aquel piloto tenía razón, el viento venía ligeramente ladeado de SSO (Sur Sur-Oeste) y la velocidad del viento tampoco es que fuese una maravilla, era más flojo que en las Mayolas, pero de todas formas no iba a rendirme en aquel momento. Angeles cogió posiciones para las fotos y yo comencé a desplegar la vela en la arena. Cuando estaba a punto de atarme la silla se me ocurrió quitarme todo el peso supérfluo para aguantar un poco más en el aire, así que me deshíce de la radio, el vario, las botas y estuve a punto de quitarme el casco y toda la ropa (sí sí, toda la ropa) ya que vimos que los pocos que había en la playa iban desnudos. Estuve tentado de hacerlo pero después pensé que las cintas de la silla podían joderme un poco los huevs. Total que me dejé el casco y lo que llevaba puesto y despegué a la primera. Cuando llegué al filo del acantilado giré enseguida a la derecha para seguir la ladera. ¡¡¡Por fín!!! me dije a mi mismo, después de tres intentos en tres años consecutivos había conseguido despegar de aquel sitio y ya me encontraba volando encima de la playa. Aunque el vuelo no era nada del otro mundo notaba una sensación de triunfo por el deber cumplido (los catxadors no se rinden nunca). Después de aquellos primeros instantes de orgasmo aéreo puse mis sentidos en el vuelo. La ladera seguía y seguía hasta donde se perdía la vista y por el momento parecía que no iba perdiendo altura, pero de repente la ladera se cortó unos diez metros ya que debajo pasaba un camino que venía del carril de biciletas y en ese momento (como me temía) yo y mi vela comenzamos a descender poco a poco. Giré a la izquierda para volver a la ladera pero cuando me pegué otra vez a ella ya no tiraba como al principio puesto que el viento me venía ligeramente de atrás. Seguí descendiendo y giré otra vez a la derecha para aterrizar por fín en el corte de la ladera donde estaba aquel camino.
En pocos minutos llegó Angeles un poquito cabreada (no conmigo) porque nos habíamos dejado los utensilios para hacer rapel, ya que me contó que tuvo que hacer un descenso un tanto arriesgado para llegar al camino y se había pinchado con un cactus.
Después de un kiss nos dimos un chapuzón en la playa (parecía desierta, tan sólo había tres parejitas a decenas de metros) nos quedamos un rato para secarnos y después recogimos las cosas para volver al coche. Cogimos el camino que había en el cortado de la ladera y entonces llegó lo peor… Una nube de mosquitos comenzó a atacarnos, los picotazos eran tremendos y yo casi me transformo en la niña del exorcista de lo cabreado que estaba. Pero en cinco minutos llegamos a la seguridad del coche.
MORALEJA: SI VAIS A VOLAR A MAZAGÓN, ESCOGED UN BUEN DIA Y NO OS OLVIDEIS EL REPELENTE DE INSECTOS.
Saludos y abrazos a todos los catxadors de l´aire de Oskar´s Wind.


